Durante años en mi ser a habitado un sentimiento que se ha adueñado de mi pensamiento y de mi corazón; la ilusión de que pudiéramos estar juntos, ser uno solo. Han pasado otras personas por mi vida, más sin embargo ninguno ha logrado ocupar, ese espacio reservado. Con el paso del tiempo disminuyó el brillo de la ilusión, tanto que llegué a pensar que había desaparecido por completo. Me dije que eso se había acabado, que no te iba a buscar. Pasara lo que pasara estaba decidida a renunciar a cualquier oportunidad, a terminar de matar la esperanza que había en mí. Mientras tomaba esta decisión, sin notarlo, estabas entrando en mi vida nuevamente. Una vez me saludaste, revolcaste todo mi ser, mi corazón se estremeció, porque presentía lo que estaba por llegar. La ilusión que traté de matar, iba recuperando su esplendor mientras te acercabas. Mientras hablábamos, nos dimos cuenta de que no nos conocíamos, entonces decidimos presentarnos tal cual somos. Decisión que sentía se iban a quedar en el aire, hasta que me llamaste para confirmar el encuentro. Encuentro en el que habría un mar de dudas rodeándonos, en el cual trataríamos de navegar hasta llegar a puerto seguro. Cuando nos vimos, nos topamos con una capa de hielo. Tratamos de derretirlo hablando, como siempre solíamos hacer, pero los esfuerzos fueron en vano. Sólo lo logramos de una manera, mostrando nuestro verdadero yo, ese que siempre estuvo oculto cuando nos veíamos. Sólo cuando dejamos de pensar, nuestros labios formaron un pícaro beso que comenzó a derretir el hielo. Mientras nuestros cuerpos hablaban, las palabras enmudecieron para no arruinar el momento. Lenta, fría y silenciosamente te alejaste de nuevo, dejándome confundida y con el corazón herido. Tristemente la esperanza va extinguiendo su llama. Mientras me disponía a remendar mi corazón, tocaron a la puerta, resolví dejar los pedazos para abrir. Sentí por un momento que el mundo se detuvo, al ver que volviste. Antes de reaccionar ya estabas entrando, mientras la esperanza iba recuperando su brillo. Grande fue mi asombro al ver la dulce sonrisa en tus labios al tomar mi corazón en tus manos. Me acerqué a ti cuidadosamente, tratando de no caer en tu trampa, pero no pude contener la alegría al verte remendando mi corazón. El mundo volvió a detenerse cuando nuestras miradas se cruzaron. Sin decir palabra nos acercamos, nuestros cuerpos temblando, los corazones galopando, tus brazos rodeaban mi cintura, mis brazos aferrados a tu cuello y nuestros labios unidos en un beso lleno de pasión e ilusión. El universo conspiró para que solo fuéramos tú y yo…
…Acaso todo fue un dulce sueño.
Era de noche y estaba con un grupo de personas, a decir verdad éramos bastantes, sobre treinta, hablando, riendo. En cierto momento me levanto y salgo del lugar donde estábamos, sólo quería respirar aire puro, sin engaños. Me recuesto de una columna, mirando a la nada, sólo mirando mi mente en blanco. Pensando en nada. Cuando de repente se acerca alguien y pone su mano en mi hombro. Yo me asombro, ¿quién podía notar mi ausencia en un grupo tan grande? Sólo alguien que me hubiera estado observando, alguien que hubiera estado pendiente de mí. Cuando volteo mi cabeza… te veo… eres tú. ¡No lo creo, tantas personas aquí y notaste que no estaba! Me quedo en el mismo lugar, tú te acercas y me abrazas por la espalda. Preocupado por mí, me preguntas si estoy bien. Te digo que sí, pensando que me podría quedar en tus brazos para siempre. Besas tiernamente mi mejilla, me volteo y te abrazo. Abrazados hablamos susurros, como si todo fuera un secreto. Sólo la noche de testigo… solos tú y yo…
Cuando te veo cerca tengo una sensación extraña. Es algo que se me hace difícil aceptar, pero sé lo que es. Es miedo. Miedo porque no sé que esperar de ti. Miedo porque te estás acercando demasiado y eso significa que pronto atacarás. Cuando lo hagas no sé que pasará. Tal vez gane yo, o me volverás a ganar tú. Como lo oyes, no me gusta admitir una derrota pero en esta ocasión lo tengo que hacer, me has ganado, no una sino varias veces. Sí, así mismo es, me has ganado en algunas ocasiones. Imagino que estarás loco de la alegría porque he admitido mi derrota. Pero, ¿por qué eres así? ¿Por qué siempre que vienes a mí eres tan falso? Primero me dejas creer que el mundo es mío, que puedo conquistar todo lo que desee. Entonces, cuando sabes que no puedo dar marcha atrás, me dejas tirada en aquel rincón oscuro a consecuencia del golpe que me has dado. ¿Acaso te diviertes cuando me ves destrozada? ¿Te sientes bien dejándome así? Siempre doy todo de mí, y aún así, logras ganarme. Termina ganando este pobre, ciego y loco que no sabe lo que piensa, dice y mucho menos lo que hace. Conociendo tus trucos, tus juegos terminas ganándome. Sólo porque no dejo de creer en ti. Porque sé que algún día llegarás y no me harás sufrir como hasta ahora lo has hecho. ¿Verdad AMOR que será así? Algún día, este pobre, loco y ciego corazón no entenderá lo que hace, lo que dice ni lo que piense, pero comprenderá que lo hace por amor y que con él le pagaran. Ahora he de confesar que en este preciso momento estamos teniendo una lucha. Tú quieres ganar y yo no quiero que lo hagas. Aunque conozco tus redes no dejo de caer en ellas. Porque ese “no quiero que lo hagas”, es un "no" queriendo ser "sí". Aparentemente nunca dejaré de caer en tu territorio, y aunque salga mal herida, no quiero dejar de hacerlo. Sabes, Amor, si sigues como vas tú ganarás la lucha. Tú me dominarás y llevarás mi vida hasta el final. Todavía me pregunto, ¿por qué creo en ti, si el amor es sinónimo de engaño?